Las consecuencias del accidente ferroviario ocurrido en Urda (Toledo), en el que han muerto hasta el momento 69 personas, pueden prolongarse mucho más allá de las primeras horas de emergencia, según avisa la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), tras solicitar a las autoridades sanitarias que la prevención de posibles secuelas psicológicas forme parte de la respuesta sanitaria desde el primer momento y que la atención a las personas afectadas no se limite a la intervención inicial.
La organización recuerda que el impacto de una catástrofe de estas características no afecta únicamente a los supervivientes, sino también a los familiares y allegados de las víctimas, los testigos del accidente y los profesionales que participan en las labores de rescate e intervención. En las horas y días posteriores a un suceso traumático pueden aparecer reacciones de estrés agudo como angustia, insomnio, recuerdos intrusivos o sensación de irrealidad. La SEPSM subraya que estas manifestaciones son respuestas normales ante una situación extraordinaria y que, en la mayoría de los casos, remiten con el paso del tiempo y el apoyo adecuado.
Sin embargo, advierte de que algunas personas pueden desarrollar problemas que requieren atención especializada, entre ellos el trastorno de estrés postraumático (TEPT), trastornos adaptativos con síntomas de ansiedad o depresión, cuadros depresivos y de ansiedad o situaciones de duelo complicado entre los familiares de las personas fallecidas. El trastorno de estrés postraumático puede manifestarse mediante recuerdos recurrentes del accidente, conductas de evitación, hipervigilancia y alteraciones del estado de ánimo que persisten más allá del primer mes desde el suceso.
Seguimiento psicológico durante los próximos meses
Ante este escenario, la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental considera necesario garantizar los primeros auxilios psicológicos a los supervivientes, familiares y profesionales que intervienen en la emergencia, evitando las intervenciones forzadas o prematuras. Además, reclama un seguimiento activo durante las semanas y meses posteriores para identificar posibles síntomas que puedan necesitar tratamiento, así como vías de acceso ágiles a la atención psicológica y psiquiátrica especializada, con circuitos de derivación desde Atención Primaria y los servicios de emergencias.
La sociedad científica también pide prestar especial atención a los colectivos más vulnerables, como los niños y adolescentes, las personas mayores, quienes ya tenían algún trastorno mental y los profesionales de los equipos de rescate. En este sentido, insiste en que la prevención de las secuelas debe abordarse desde una perspectiva coordinada entre los servicios sanitarios, los recursos de salud mental y los dispositivos sociales y de atención a las víctimas.
Por su parte, el Consejo General de la Psicología de España ha trasladado sus condolencias a las familias de las personas fallecidas y su apoyo a los heridos y al resto de afectados. La organización se ha puesto en contacto con el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, que ha ofrecido su colaboración a las instituciones madrileñas y castellanomanchegas y a los profesionales de esta última comunidad para participar en las tareas de atención psicológica que puedan ser necesarias.
El Colegio Oficial de la Psicología de Castilla-La Mancha ha habilitado, además, un servicio telefónico de asistencia para las personas afectadas por el accidente. Ante la demanda de atención, el 29 de octubre incorporó una segunda línea para reforzar este recurso. Los teléfonos habilitados son el 665 65 84 72 y el 636 03 94 32, ambos operativos de lunes a domingo, entre las 10.00 y las 20.00 horas.
Las organizaciones profesionales coinciden así en la importancia de mantener disponibles los recursos de salud mental una vez superada la fase más inmediata de la emergencia. La SEPSM recuerda a las personas afectadas que pedir ayuda no es un signo de debilidad y recomienda consultar con el médico o con los servicios de salud mental cuando el malestar persista o interfiera en la vida cotidiana.
