Un estudio publicado en Nature analiza más de 58.000 brotes de 32 enfermedades en 169 países y relaciona la transformación de los ecosistemas con los patrones de aparición y propagación de infecciones.
La aparición de enfermedades infecciosas no depende únicamente de los patógenos que circulan en la naturaleza, sino que la forma en que las personas transforman el entorno, ocupan nuevos territorios y modifican las relaciones entre animales, ecosistemas y poblaciones humanas también puede influir en el riesgo de transmisión. Y es que, la fragmentación de los bosques, la expansión agrícola y la proximidad entre asentamientos humanos, ganado y espacios naturales pueden alterar estas interacciones y favorecer la circulación de determinados agentes infecciosos.
Una investigación internacional publicada recientemente en la revista Nature ha examinado esta relación a partir de 58.319 registros de brotes de 32 enfermedades infecciosas en 169 países. El trabajo, titulado The anthropogenic fingerprint on emerging infectious diseases, ha analizado cómo las actividades humanas y los cambios en el paisaje se relacionan con la distribución de estas enfermedades, comprobando que los brotes presentaban patrones asociados a determinados paisajes fragmentados, donde conviven asentamientos humanos, ganado y zonas forestales. Sin embargo, las relaciones variaban según la enfermedad: las infecciones transmitidas por vectores, como mosquitos y garrapatas, compartían algunas asociaciones ambientales, mientras que las zoonosis de transmisión directa mostraban patrones diferentes.
El estudio también pone de relieve las limitaciones de la vigilancia epidemiológica en zonas alejadas de los servicios sanitarios. Por cada hora adicional de desplazamiento hasta un centro sanitario, los registros de brotes disminuían una mediana del 32 por ciento. Los autores advierten de que esta diferencia puede reflejar dificultades para detectar y notificar las infecciones, por lo que un menor número de brotes registrados no implica necesariamente un riesgo inferior.
One Health, una estrategia para prevenir nuevas amenazas
Estos resultados refuerzan la necesidad de abordar las enfermedades infecciosas desde una perspectiva que integre la salud humana, animal y ambiental. El enfoque One Health, promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), la FAO y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), parte precisamente de la interdependencia entre estos tres ámbitos.
Según la OMS, más del 60 por ciento de las enfermedades infecciosas emergentes notificadas en el mundo tienen un origen animal. La transformación de los hábitats, la urbanización, la producción ganadera y los cambios ambientales pueden modificar las oportunidades de contacto entre especies y favorecer la transmisión de algunos patógenos. En este sentido, One Health también abarca problemas como la resistencia a los antimicrobianos y las enfermedades transmitidas por alimentos, que requieren vigilancia y medidas coordinadas en las personas, los animales y el medio ambiente.
En este escenario, la investigación publicada en Nature muestra que no existe una única explicación para la aparición de todas las enfermedades infecciosas, sino que su distribución responde a una combinación de factores ecológicos, sociales y sanitarios, por lo que la prevención exige adaptar la vigilancia a cada patógeno y territorio.
Anticiparse a futuras amenazas implica, por tanto, vigilar los cambios en las poblaciones animales, comprender mejor la evolución de los ecosistemas y mejorar la detección de infecciones, especialmente en las zonas con menos acceso a los servicios sanitarios. La prevención de epidemias comienza antes de que aparezcan los primeros casos en los hospitales.








